¡Y el derrumbe del Hipódromo de las Américas sigue…!
Hemos estado buscando que alguno de los periodistas que asisten a las conferencias mañaneras le exponga a la presidenta de todos los mexicanos el grave problema que vive la industria hípica en el Hipódromo de las Américas.
Ante los tantos y múltiples desafíos que enfrenta el país, resolver este problema podría parecer un asunto menor. Pero no lo es y, además, tampoco debería ser tan difícil de solucionar, sobre todo ahora que la Secretaría de Gobernación ha anunciado —por enésima vez— que se trabaja en una nueva Ley de Juegos y Sorteos.
Mientras logramos que nos escuche doña Claudia, un socio de nuestra asociación —que, por cierto, ya tampoco tiene caballos— propone que se le diga directamente:
“Presidenta: esta es la tercera vez que el gremio hípico reclama su ayuda y, hasta la fecha, sus urgencias no han sido atendidas. Debemos señalarle que las autoridades que usted ha designado no han sido capaces de resolver el grave problema en que se encuentra nuestra actividad.
“Se lo decimos con el ánimo de hacerle saber que sus instrucciones no se están ejecutando y que, en muchos casos, los problemas no se resuelven, aparentemente, por falta de conocimiento de una actividad altamente especializada.”
Y mientras esperamos que alguien escuche, el derrumbe continúa.
El sombrío panorama para el próximo fin de semana es el siguiente: el viernes 11 de septiembre la empresa ofrecerá solamente seis carreras; el sábado, ocho; y el domingo —día dedicado a los Cuarto de Milla—, apenas siete. Por cierto, en la subasta que organizó la Asociación de caballos Cuarto de Milla, que hubo en el pasado reciente, me comentan que fue un fracaso: y es una pena.
Es evidente la falta de participantes y, como consecuencia, el espectáculo se vuelve cada vez menos atractivo para el público apostador.
Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿por qué el Hipódromo de Maroñas, en Uruguay, puede ofrecer programas atractivos y mantener una industria hípica floreciente, mientras que en México sucede exactamente lo contrario?
Más aún cuando se trata de operaciones vinculadas a la misma empresa.
También llama poderosamente la atención que, para que las bolsas de premios resulten “atractivas”, los propios caballistas tengan que aportar ocho mil pesos para participar.
¡Ni hablar!
A eso ha llegado nuestra hípica: los propietarios terminan financiando parte del espectáculo que la empresa permisionaria debería tener interés en fortalecer.
Mi amigo me dice:
“La crisis ha sido provocada principalmente por la autoridad reguladora: por desconocimiento, por falta de intervención y por ausencia de gestión en el cumplimiento de sus obligaciones como autoridad. A ello se suma el indiscriminado abuso de la empresa para modificar e incumplir las condiciones originales del permiso.
“El permiso ha sido modificado tantas veces en favor de la empresa, con la anuencia de la autoridad, que hemos llegado a la crisis actual.
“Originalmente se otorgó un permiso con todas las condiciones necesarias para desarrollar un negocio rentable y, al mismo tiempo, una industria hípica exitosa. Sin embargo, las modificaciones posteriores han beneficiado fundamentalmente a la empresa.
“Los giros complementarios se separaron de tal manera que hoy pueden explotarse exitosamente sin depender del espectáculo de las carreras de caballos. ¿Y qué quedó fuera? La crianza nacional, los propietarios, los profesionales de la actividad y, finalmente, el propio espectáculo hípico.”
Y ahí, precisamente, está el fondo del problema.
Se permitió que los negocios complementarios prosperaran mientras las carreras de caballos, que justificaron originalmente buena parte de esa infraestructura y de esos permisos, fueran perdiendo importancia hasta quedar reducidas prácticamente a una obligación incómoda.
Otro buen amigo mío, que tiene la virtud —o quizá el defecto— de decir las cosas exactamente como las piensa, me regaña y me pregunta por qué tenemos tanto interés en seguir peleando por esto un grupo de personas que, en muchos casos, ya ni siquiera mantenemos caballos en el Hipódromo.
La respuesta es bastante sencilla.
Porque durante muchos años formamos parte de esta industria (Él mismo fue parte importante con magníficos caballos que tenía con su hermano).
Porque sabemos lo que llegó a representar el Hipódromo de las Américas. Porque conocemos el número de familias que dependen directa e indirectamente de las carreras de caballos. Y porque resulta difícil permanecer callados mientras vemos cómo una actividad con más de ocho décadas de historia se deteriora año tras año ante la indiferencia de quienes deberían vigilarla.
Pero, sobre todo, porque creemos que exigir que una autoridad cumpla con su responsabilidad y que una empresa permisionaria cumpla con las obligaciones de su permiso es también una manera de contribuir a que este país cambie.
¿No lo creen?
Todos mis artículos publicados desde 2014 en el generoso portal de Ruiz-Healy Times pueden consultarse en mi página de autor. https://ruizhealytimes.com/author/enrique-rodriguez/ o en www.purasangre.com.mx


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